AMA Oncología | Psicología y cáncer: cosas que deberías saber.
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Psicología y cáncer: cosas que deberías saber.

Psicología y cáncer: cosas que deberías saber.

Muchas veces, cuando una enfermedad claramente biológica aparece, solemos olvidar la parte psicológica que puede asociarse a ella. Es decir, normalmente entendemos que la enfermedad causará tristeza, rabia, impotencia, etcétera.  Pero olvidamos que nosotros y nuestros procesos psicológicos interaccionamos a su vez con esta enfermedad. 

Psicología y cáncer: ¿Cómo afecta el cáncer al funcionamiento psicológico?

El cáncer puede alterar la autopercepción de uno mismo (su autoestima), además produce emociones como ansiedad, depresión, tristeza, miedo, rabia, culpa, aislamiento, agresividad e incluso indefensión. Estos procesos son comprensibles. Es la parte que más entiende la gente, aunque olvidan que estos factores son también mediadores en el afrontamiento y evolución de la enfermedad. No son emociones malas de por sí y forman parte de la respuesta natural ante un acontecimiento de tal magnitud. La idea es que hay que trabajarlas, son sostenibles a corto plazo pero perjudiciales a largo. Una persona verá disminuida su calidad de vida, su capacidad de afrontamiento y energía en la lucha e incluso alterará la capacidad inmune de su cuerpo si tales respuestas emocionales (con sus correlatos fisiológicos) son mantenidas en el tiempo.

Factores psicológicos que afectan al cáncer.

Matizamos que el estrés no causa cáncer, o al menos no hay pruebas para afirmar tal cosa, sin embargo si constituye un factor de riesgo y un factor que interacciona con él. Veamos por qué:

El estrés: Afecta al cáncer de diferentes formas. Primero aumenta los niveles de hormonas relacionadas con el mismo, esto aumenta la metástasis y la actividad de las células cancerosas. El cortisol por ejemplo puede influenciar de forma negativa la vía inflamatoria Cox-2, un conocido percusor de ciertos tipos de cáncer y otras enfermedades. Además el estrés dificulta el manejo emocional de la situación. Por supuesto un efecto muy importante es que el estrés deprime el sistema inmune (empeora la función de ciertas células, por ejemplo los células NK y las células T), algo que puede ser muy negativo en una persona con cáncer, no solo por el cáncer en si sino por la vulnerabilidad a otros procesos infecciosos añadida.

Además el estrés se asocia con la adrenalina, sustancia que algunos estudios han asociado también con una mayor metástasis y angiogénesis. También puede afectar al cumplimiento de las recomendaciones médicas y al tratamiento (ello si incidiendo de forma directa en la evolución del cáncer).

La depresión. Una persona deprimida presenta gran malestar, además pierde fuerza de motivación, puede dejar de cumplir con las prescripciones médicas y rendirse ante el proceso. En cualquier caso implica un empeoramiento de la calidad de vida de la persona. Se calcula que 1 de cada 4 personas con cáncer padece además un trastorno depresivo. La depresión también se asocia a una depresión del sistema inmune.

¿Qué puedes hacer tú?

Ser resiliente, algo que sorprendentemente parece ser que consiguen la mayoría de pacientes con un diagnóstico de cáncer, cada uno a su ritmo. Ser resiliente implica adaptarse y fortalecerse en situaciones de adversidad, algo a lo que los pacientes en parte se ven forzados.

Tradicionalmente se creía que estar feliz y alegre podía afectar a las tasas de supervivencia, pero una vez indagado el proceso se ha visto que la cosa no es exactamente así. La idea es que uno no debe forzarse a estar alegre todo el tiempo, tampoco es eso, fingir causa más malestar y estrés que otra cosa. La idea es intentar conservar el humor y buscar esos momentos alegres, por pequeños que sean, ser optimista dentro de lo que cabe ayuda a mantener la motivación y las fuerzas. Habrá días mejores, habrá días peores. La persona debe ajustar su vida a ese proceso, intentando seguir con metas realizables. No está mal sentirse enfadado o triste, la situación es como para estarlo, pero ello debe dar paso a más emociones. Al principio pueden predominar pero la persona poco a poco debe aceptar su situación e intentar disminuir estas emociones negativas en la medida de lo posible. Si la alegría y la aceptación son genuinas perfecto, si son forzadas solo empeorarán la situación. Maticemos que, el cáncer no se cura ni desaparecerá por tener un buen afrontamiento, como mucho podemos decir que no lo empeoraremos (cojamos esto con las puntas de los dedos) y que aumentaremos la calidad de vida, disminuyendo el malestar, mejorando el afrontamiento.

El cáncer es un proceso (y uno de los duros) en el que la persona pasará por muchas etapas, parte de estas etapas son la depresión y la ansiedad, algo inevitable, la cuestión está en que la persona debe intentar no quedarse estancada en esa etapa, debe poder integrar la nueva situación en su ser, poder re-construir su vida entorno al diagnóstico y con un cambio de perspectiva poco a poco aceptar el diagnóstico y coger las fuerzas para luchar contra la enfermedad y seguir adelante. El cáncer es un camino de obstáculos y retos: La primera noticia, el diagnóstico, la primera quimio, las recaídas. Cada uno de estos golpes es muy duro y son pequeñas batallas que lucha la persona en la guerra contra el cáncer. La persona deberá superar cada uno de estos obstáculos intentando sufrir el menor daño psicológico posible. Algo que es muy duro y que se hace más fácil teniendo apoyo.

Es muy importante contar con grupos de apoyo, no sólo el grupo puramente médico sino también en las áreas más emocionales, por ejemplo grupos de apoyo de personas en la misma situación, psicólogos, etcétera.  La idea es contar con ese apoyo profesional y también con un grupo de apoyo no profesional (amigos, familiares, pareja…).

El ejercicio físico es muy importante, por supuesto ajustado al ritmo de la persona y moderado. Oxigena la sangre, mejora la circulación de células inmunes y por supuesto nos da endorfinas y ayuda a mantener un nivel emocional adecuado. Además ayuda a controlar la hormona del estrés (el cortisol) y a reducir los niveles elevados de insulina (ello contribuye también un poco a no ayudar al crecimiento de las células cancerosas).

Problemas como la falta de apetito, los problemas para dormir, etcétera. Pueden afectar a la calidad de vida y al malestar psicológico asociado al cáncer. Los psicólogos pueden ayudar con técnicas que mejoren estas áreas. Algunas personas encuentran los masajes muy relajantes y que mejora ciertos síntomas como la tensión muscular, mala circulación, etcétera.

También existe medicación para ayudar con los síntomas asociados al cáncer incluyendo los psicológicos. Hablamos de antidepresivos, ansiolíticos, etcétera. Y por supuesto la meditación y el mindfulness. Estas técnicas ayudan mucho a la aceptación de situaciones, el cambio de punto de vista, a buscar esa paz y relajación. Si bien son difíciles de aplicar en una situación así, pueden ser muy útiles entrenadas en el momento adecuado.